¿Cuál es ese hilo invisible que impulsa el destino de tu organización? Ese intangible que puede asociarse con lo mágico, misterioso y/o hasta trascendente, que atraviesa valores e identidad institucional, y que puede elevar a la empresa a desplegar su grandeza o limitarse a ser una más del mercado.
Nuestra imaginación puede llevarnos a pensar en lo que es o podría ser la mística de nuestra organización. Las sensaciones que despierta el hecho de pensar en tu empresa, los valores que se respiran en la misma, la conexión y/o alineación entre tu filosofía de vida y la de tu organización, lo que la hace especial, entre otros, representan algunas apreciaciones que se identifican como parte de su mística. Ésta se puede construir y reconstruir de manera consciente para convertirse en un eje central que eleve a la organización y por ende a sus integrantes.
Al momento de crear una empresa, su fundador le confiere su impronta, su visión y su sentido de existencia. A medida que crece la organización, la forma de hacer las cosas se va impregnando en su cultura y sin necesidad de hablar de estos términos, se respira un aire particular que la hace única y especial. Es decir, de manera consciente o no, desde los primeros pasos de su existencia, la empresa tiene una identidad propia que le da sentido. Esta mística se encuentra íntimamente relacionada con la cultura de la organización. Cuanto más consciente sea el reconocimiento de esta cultura, mayores serán las posibilidades de gestionarla y/o encausarla a favor de la organización. De lo contrario, se corre el riesgo que la cultura se manifieste como un programa latente y subconsciente de dudosa cuestionabilidad, que pueda condicionar el crecimiento y/o la sustentabilidad de la empresa.
El hecho de que la gente se sienta a gusto en su lugar de trabajo, que muestre un genuino compromiso y se identifique con su propósito, habla de una mística empresarial que juega a favor de su crecimiento y sostenibilidad.
Mientras que cuando se percibe un clima tenso, un inconformismo generalizado tanto de abajo hacia arriba como de arriba hacia abajo en la estructura de la organización, un radio pasillo que resuene con presencia, un cierto desánimo o bajo nivel de energía, estamos ante una cultura cuya organización tiende a bajos niveles de productividad, alta rotación, y suele representar un alto nivel de esfuerzo para sostenerse en el mercado.
La mística de la empresa no se publica formalmente en los medios de comunicación, sino se respira desde adentro, se experimenta a través de las prácticas diarias con las que conviven sus integrantes, Cuando ésta tiende a ser y actuar de manera congruente, marca una diferencia de valor en su comunidad.
En resumen, la magia de la mística empresarial hace referencia a rescatar esa manera de ser y hacer que la hace especial, única, y que representa una fuente de inspiración para sus integrantes, generando así un sentido de pertenencia, compromiso y colaboración que repercute directamente en resultados concretos y palpables de la organización. En esta línea, la organización tiene la capacidad y el poder de crear y/o recrear conscientemente la cultura que mejor la represente; un desafío que involucra indefectiblemente a todos los integrantes de la organización.