¿Esta frase te resuena?
Suele suceder que cuando se habla de la necesidad de llevar adelante un proceso de profesionalización y/o digitalización, existe una gran aceptación en general por parte de la gente, reconociéndose los beneficios que éste traerá aparejado a la organización.
Pero cuando se avanza en la materialización del cambio y se navega en el proceso de implementación, es allí cuando comienzan a surgir innumerables desafíos que se deben sortear, en especial en relación al cliente interno.
Los desafíos se refieren a la resistencia a salir de la zona de confort, la sensación de amenaza por la incertidumbre hacia lo desconocido, las diferencias de expectativas de los recursos involucrados, el replanteo de las formas de gestión, el desaprender y aprender, entre otros.
El proceso de transición puede traer aparejada tensión en las relaciones personales e incomodidad en el clima laboral, así como cierta confusión de sentidos y/o significados a las ideas originales que motivaron el dar el primer paso.
Esta situación nos lleva a pensar que un proceso de cambio no es una cuestión simple, puntual, aislada, y que solo requiere que se encienda la luz verde y comience a fluir.
Existe una etapa previa de concientización, aceptación, planificación, capacitación, atravesada por incomodidades, dedicación y esfuerzo de parte de todos los involucrados, que en general, demandará un tiempo hasta que el proceso pueda fluir nuevamente, en una nueva versión superadora para la organización.
Es menester que los procesos de transformación de gestión vayan de la mano de la cultura de la empresa para garantizar su éxito. De lo contrario, se incurrirán en mayores costos de tiempo, dinero y desgaste en las relaciones que podrían perfectamente haberse evitado.
Si bien este último párrafo pareciera una obviedad, muchas veces, en la realidad, lo obvio suele pasar desapercibido y subestimado. Es por ello que, recomendamos prestar especial atención a este otro proceso paralelo no menor de considerar.
Por último, es fundamental clarificar y/o resignificar el para qué del proceso de transformación elegido, esto es, volver a la fuente y origen que nos conecte con nuestro propósito final y nos inspire a continuar el camino.